Por Yulen Jorge
En la justicia dominicana existe una dinámica predecible en los casos que involucran apellidos sonoros. Cuando la evidencia técnica es sólida, suele aparecer el recurso de la distracción. La autorización judicial para que los dueños de la discoteca Jet Set realicen un nuevo peritaje no es solo un derecho procesal; en el contexto actual, parece un intento por fabricar una “duda razonable” frente a lo que parece una negligencia probada.
El Ministerio Público ya presentó su informe técnico: el techo colapsó bajo el peso del abandono. Ahora, la defensa busca un perito propio para intentar convencer de que la física tiene matices.
El fallo de origen del nuevo peritaje
Este nuevo estudio busca el tecnicismo, no la verdad. Intenta argumentar que el accidente fue un evento fortuito. Aunque es razonable pensar que los hermanos Espaillat no deseaban esta tragedia, el techo se resquebrajó tras años de avisos: videos, notas de voz y mensajes de texto de los empleados alertaban sobre desprendimientos y filtraciones. Incluso la noche del suceso, se les pidió suspender el concierto de Rubby Pérez.
¿Qué puede aportar un estudio de materiales sobre la decisión de mantener a cientos de personas bajo una estructura en riesgo? Los testimonios gráficos no son percepciones; son la evidencia de una tragedia prevista.
La justicia dominicana no debe dejarse cegar por estrategias legales. El Jet Set no cayó por un vicio oculto de construcción; se derrumbó por un exceso de negligencia e irresponsabilidad.