Por Yulen Jorge
Un equipo internacional de más de 25 expertos en ingeniería, química y probablemente física cuántica ha determinado que el derrumbe del techo del Jet Set se debió, principalmente, a defectos de construcción ocultos que los científicos habrían detectado mediante un georradar.
La conclusión contradice la tesis del Ministerio Público, que sostiene que el colapso estuvo relacionado con la sobrecarga provocada por equipos instalados sobre el techo y el deterioro progresivo de la estructura. Sin embargo, el nuevo peritaje parece haber encontrado una explicación muchísimo más sofisticada y, sobre todo, muchísimo más conveniente.
Según el cónclave, se identificó una “fisuración asistida por hidrógeno en los alambres de los tendones de postensado”, un fenómeno que habría provocado fracturas graduales en el acero y reducido la resistencia de las vigas con el paso del tiempo.
Mientras la física molecular avanzaba silenciosamente dentro del concreto armado, había empleados remendando el techo con lonas, chapoteando entre los charcos de agua que caían en el interior, colocando cubetas para atrapar los chorros y barriendo trozos de plafones que se desprendían desde arriba.
Hasta el momento, no se ha revelado el método mediante el cual los peritos descartaron, dentro de su evaluación, estos antecedentes; las señales que daban el techo y los empleados a los hermanos Espaillat de que, tarde o temprano, aquello terminaría derrumbándose.
La defensa hoy desembolsa millones en expertos internacionales capaces de auscultar el alma metalúrgica de las vigas, mientras durante años la estructura parecía sostenerse entre remiendos y chapucerías que terminaron aplastando la vida de 236 personas y, con ellas, la de miles de familiares y dolientes.
Contra todo pronóstico, el peritaje solicitado por la defensa no encontró responsabilidad absoluta en sus propios clientes.