Por Yulen Jorge
Eyden Rodríguez Peralta, de ocho meses, falleció la madrugada del lunes mientras esperaba recibir Risdiplam, un medicamento oral de alto costo, valorado en más de USD 100,000 al año, para tratar la atrofia muscular espinal que padecía.
La familia había denunciado que la solicitud fue rechazada inicialmente por trabas burocráticas y criterios del programa. Tras la presión mediática, las autoridades reconsideraron el expediente y anunciaron la aprobación del tratamiento. Sin embargo, hace apenas una semana, la madre declaró a Listín Diario que nunca llegaron a comunicarse con ella para entregar las dosis.
La muerte de Eyden Rodríguez no solo expone, una vez más, las grietas del sistema de salud. También recuerda que cada abandono institucional erosiona la confianza en la democracia y acerca a los ciudadanos a quienes prometen romper con ese sistema.
Mientras haya un dominicano en lista de espera para recibir un medicamento o muriendo como consecuencia de un sistema de salud incapaz de responder a tiempo, ningún gobierno puede ufanarse de ser artífice de la modernidad.
Da igual cuántas infraestructuras inaugure, cuántos turistas reciba cada año, cuántos récords de crecimiento económico rompamos, cuántos hubs celebre o cuánto reconocimiento obtenga en la comunidad internacional. Esos logros son muy positivos, pero pierden parte de su sentido cuando convive con la incapacidad de garantizar un servicio tan elemental como la salud.
¿Cómo se puede hablar de progreso mientras hay ciudadanos padeciendo las precariedades de los hospitales, sufriendo y agonizando por falta de atención, mendigando dinero y exponiendo su vulnerabilidad en las redes sociales para obtener el apoyo que no reciben de la administración pública, sostenida precisamente con los impuestos de esos mismos ciudadanos?
¡ ¿Cómo es posible? !
Después nos escandalizamos cuando personas completamente ajenas al sistema político despiertan entusiasmo o son llamadas a postularse para cargos públicos. La gente está hastiada. Además de enfrentar las dificultades de la vida cotidiana, debe cargar con la impotencia que provoca cada titular que nos saca, por un instante, de la burbuja del entretenimiento. Hoy nos conmueve el caso de Eyden, se le dedicarán paneles de discusión en los medios y, pasado mañana, volvemos al rebaño hasta que el próximo caso nos dé otra bofetada.
El dominicano suele votar con rabia, y ya son muchas las acumuladas. Existe preocupación por la posibilidad de que un outsider llegue al poder, pero hay un segmento importante de la población que no puede ser ignorado y que, en este momento, parece preferir:
A un advenedizo sin trayectoria frente a un doctor de currículum intachable.
A un marginal frente a un perfil empresarial o corporativo.
A un irreverente frente a un conferencista en Naciones Unidas que hable cinco idiomas, pero no empatice con el dolor de sus gobernados.
…
Una población que no la componen exclusivamente los residentes en los barrios marginales. La proyección hacia 2028 sigue siendo incierta, pero el país parece acercarse a un punto de no retorno.