Por Itania María
Una conversación que se extiende, un hormigueo en todo el cuerpo, un corazón que se dispara: hay relaciones que empiezan con fuegos artificiales. Sin embargo, no todo lo que brilla es oro. La famosa “química” —esa mezcla poderosa de dopamina, novedad, serotonina y deseo— puede nublar el juicio hasta de las personas más sensatas.
En consulta y en la vida real se repite la escena: hombres y mujeres que sabían, muy temprano, que algo no cuadraba… pero decidieron no mirarlo de frente y aferrarse a la esperanza de que “eso es ahora; él (o ella ) cambiará… y la pregunta incómoda no es por qué duele tanto cuando termina, sino por qué a veces insistimos en quedarnos cuando las señales ya estaban sobre la mesa.
Señales de que ahí no es:
Si ves incoherencia sostenida entre lo que dice y lo que hace: promete llamar y no llama; habla de compromiso, pero se mantiene emocionalmente distante; aparece con intensidad y luego desaparece sin explicación.
Otra señal aparece en el plano emocional: te sientes más ansiosa o ansioso que en calma; más en alerta que en paz.
Es importante mirar lo que ocurre con tu identidad dentro del vínculo: si te descubres justificando faltas de respeto, postergando tus límites o negociando necesidades básicas por miedo a perder a la otra persona, la química de inicio de la relación ya dejó de ser tu aliada y pasó as a ser anestesia.
Por más amor y química que haya, hay patrones que no se pueden dejar pasar por alto: patrones de control que se disfrazan de preocupación y que pueden ser desde exigirte tu ubicación constantemente hasta revisar tu celular; desvalorización, burlas sobre como luces, correcciones en público, invalidación emocional (“estás exagerando”, “eres muy sensible”, “todo te lo tomas mal”).
Otra señal, es que tu pareja poco a poco te va aislando: la persona agresora suele incomodarse con tu red de apoyo y entonces aparecen las críticas a tu familia, a tus amigas y amigos y la frase famosa “nadie te quiere y te protege más que yo”.
Otra señal importante es si identificas que ese malestar raro que sientes es un miedo que crece cada día dentro de tu relación y entonces comienzas a medir lo que dices, a evitar temas, a anticipar reacciones. Cuando el vínculo deja de ser un espacio seguro y aparece el miedo —aunque no haya golpes— estamos ante un indicador rojo de violencia psicológica.
Si has identificado señales de estas en tu relación, es tiempo de que te la replantees ahora. No te cases ni te vayas a vivir juntos con la esperanza de “va a cambiar”. En la gran mayoría de los casos no es así.