Por Starling Villar
A más de 50 juristas les tomó casi un año ponerse de acuerdo en la aprobación de varios artículos del nuevo Código Penal. Leyeron, discutieron, cedieron, tacharon y volvieron a escribir. Cuando por fin dijeron “estamos listos”, el país entero respiró. Por fin tendríamos un código moderno, claro y consensuado, en contraposición al código anterior.
Pero bastó un mensaje de los “influencers dominicanos” para que todo eso se tambaleara.
La decisión del presidente de modificar el código después del consenso no es un tema solo de abogados. Es un tema de todos. Porque cuando se cambian las reglas después de que ya se acordaron, el problema no es el artículo 5, 310 o el 42. El problema es la confianza.
¿Qué es la seguridad jurídica y por qué te importa? La seguridad jurídica es saber a qué atenerte. Es que las reglas del juego no cambien a mitad del partido.
Si hoy abres un negocio, firmas un contrato o demandas a alguien, lo haces pensando en las leyes vigentes. Si mañana esas leyes se alteran por decisión de una sola persona (el presidente de turno), motivada por influencers, aunque ya 100 expertos habían dicho que estaban bien, entonces ¿en qué ley vamos a confiar?
No se trata de estar en contra de los influencers. Se trata de respetar el proceso. Respetar las decisiones legislativas. De respetar la cualificación intelectual de los juristas.
El mensaje que se manda Cuando un grupo grande de juristas, técnicos y legisladores trabaja meses y su trabajo se cambia sin razonamiento lógico, con tan solo aspectos acientíficos y emocionales, el mensaje es peligroso: “el consenso técnico, la seguridad jurídica y la legitimación estatal valen poco”.
Y ese mensaje pega fuerte. Pega en el inversionista que duda si poner su dinero aquí. Pega en el ciudadano que piensa demandar, pero no sabe con qué reglas o normas actuar. Pega en el estudiante de derecho que se pregunta para qué estudiar si mañana todo puede cambiar.
Un código no es un documento cualquiera. Es el manual de cómo vamos a convivir. Si ese manual se reescribe sin explicación lógica, sin un porqué razonable y pensando en votos potenciales, estamos jugando con fuego.
No es capricho, es precedente Hoy es este código. Mañana puede ser la ley electoral. Después la Constitución. Pasado mañana la ley de compras y un largo etcétera.
Si normalizamos que se puede modificar algo ya consensuado sin tomar en cuenta qué motiva esa modificación, abrimos la puerta a que cualquier gobierno, de cualquier partido, haga lo mismo. Y ahí sí perdemos todos.
Los países que avanzan no son los que tienen las mejores leyes en papel. Son los que cumplen las reglas que ellos mismos se pusieron.
¿Y ahora qué? La reciente marcha nos demostró el poder mediático de los influencers, pero también nos deja varias preguntas sobre la mesa: ¿Dónde estaban esos influencers cuando se promulgó el nuevo Código Penal? ¿Dónde estaban esos influencers, años atrás, cuando el código penal fue puesto a vista pública? ¿Cuál es el objetivo real de estos influencers?
Pero, sobre todo, necesitamos una señal clara: que prevalezca y se respete la seguridad jurídica. Que el trabajo técnico importa. Que la palabra dada en una mesa de trabajo importa.
Porque si hoy rompemos ese acuerdo por la vía rápida, mañana nadie querrá sentarse a consensuar nada.
Y un país donde nadie confía en las reglas, es un país donde nadie invierte, nadie planifica y nadie cree.