Por Yulen Jorge
Madrid tiene alrededor de 3.500.000 habitantes. El 72.1 % lee libros en su tiempo libre, por placer.
El hábito está especialmente arraigado entre la población joven y alcanza también niveles elevados entre la población infantil, donde supera el 84 %, de acuerdo con los informes del Estudio de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en la Comunidad de Madrid.
La preferencia para leer de muchos madrileños sigue siendo el transporte público, y el formato por excelencia continúa siendo el papel. El 37 % de los madrileños lee exclusivamente en formato impreso.
En un entorno que acoge 366 casetas de librerías y editoriales, el representante de la cultura dominicana se despachó con lo siguiente: el libro es cosa del pasado; sacó un celular de su bolsillo y remató: «aquí guardo 900 páginas de las memorias de Ángela Merkel». El episodio fue reseñado por Diario Libre en su columna De Buena Tinta y posteriormente enriquecido con detalles aportados por la periodista Altagracia Salazar en Sin Maquillaje.
Lo más contradictorio es que la presentación del inefable ministro estuvo dedicada a anunciar la XXXVIII Feria Internacional del Libro de Santo Domingo (FILSD 2026), que se celebrará del 24 de septiembre al 4 de octubre.
No podremos ver siquiera la cara de perplejidad de las autoridades de la Feria del Libro de Madrid, y algunos de los diplomáticos dominicanos presentes difícilmente habrían encontrado un lugar donde esconderse en los aproximadamente 1.25 kilómetros cuadrados que tiene el parque El Retiro, escenario de la principal cita cultural madrileña.
Si siguiéramos la lógica de Robertico, el país podría ahorrarse unos cuantos millones y, en lugar de celebrar la feria en la Plaza de la Cultura, organizar un acto virtual. El montaje de la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo supone una importante inversión pública destinada principalmente a la infraestructura técnica de los pabellones de la Plaza de la Cultura, la climatización de las casetas y otros aspectos logísticos.
Lo que más desconcierta es que, en el patio, las cosas de Robertico suelen convertirse en material para memes y para echar unas risas. Pero cuando esa postal se exporta, quienes se ríen son otros.