Por Prisma
En el país nacen considerablemente menos niños durante los fines de semana que de lunes a viernes, una diferencia que estaría relacionada principalmente con la concentración de las cesáreas en días laborables, según un análisis de registros oficiales realizado por la economista de la salud Marie Chantel Montás Ureña y publicado el 28 de agosto en el periódico El Caribe.
En su artículo “Cuándo nacen los dominicanos”, Montás analizó los registros de nacidos vivos del Ministerio de Salud Pública (MISPAS) correspondientes al período 2016-2025, que abarcan alrededor de 1.44 millones de nacimientos.
Los resultados muestran una diferencia marcada dependiendo del día de la semana: mientras en un día laborable nacen en promedio 446 bebés, la cifra disminuye a 292 los sábados y 246 los domingos. Esto representa una reducción cercana al 40 % durante el fin de semana.
La diferencia, sin embargo, no se comporta igual en todos los tipos de parto. De acuerdo con el análisis de Montás, los partos vaginales apenas disminuyen 7 % durante los fines de semana, mientras las cesáreas presentan una concentración considerablemente mayor de lunes a viernes.
La diferencia es mayor en las clínicas privadas
El contraste se acentúa cuando los datos son separados entre establecimientos públicos y privados.
Según Montás, en las clínicas privadas las cesáreas disminuyen 61 % durante el fin de semana, mientras en los hospitales públicos la reducción es de 47 %.
La autora señala que este comportamiento no permite determinar que una cesárea particular haya sido realizada sin necesidad médica. Sin embargo, considera que la distribución semanal constituye un indicio de que la programación de los nacimientos tiene un peso importante, especialmente en el sector privado.
La diferencia resulta particularmente relevante en un país que ya presenta niveles excepcionalmente elevados de cesáreas. Montás señala que en 2024 el 68 % de los nacimientos registrados en República Dominicana ocurrió mediante este procedimiento.
Otros documentos oficiales también han advertido sobre la magnitud del fenómeno. Una publicación del Ministerio de Salud Pública sobre salud materna recoge datos que sitúan las cesáreas en 90 % en centros privados y 47 % en el sistema público, y califica su elevada incidencia como un aspecto crítico por sus implicaciones para la salud materna y neonatal.
Incentivos detrás de la programación
En su análisis para El Caribe, Montás plantea que factores económicos y organizativos pueden contribuir a explicar el patrón.
La posibilidad de programar el procedimiento permite organizar varios nacimientos durante una jornada y reduce la incertidumbre horaria propia de un parto vaginal. La economista también señala las diferencias en la remuneración como uno de los incentivos que deben ser considerados.
Su planteamiento no cuestiona la utilidad médica de la cesárea cuando existe una indicación clínica. El foco está puesto en su utilización cuando esa necesidad no existe y en los riesgos y costos adicionales que esto puede representar para las madres, los recién nacidos y el sistema sanitario.
A partir de los resultados, Montás propone revisar los incentivos que podrían favorecer el uso excesivo del procedimiento, incluyendo equiparar la remuneración de los partos vaginales y las cesáreas, exigir una justificación clínica documentada y hacer públicas las tasas de cesáreas de hospitales y clínicas.
El análisis abre así otra dimensión sobre un problema sanitario conocido en República Dominicana: no solamente cuántos niños nacen mediante cesárea, sino hasta qué punto el día en que nacen puede revelar cómo se están organizando y tomando las decisiones sobre los partos.
Perfil

Marie Chantel Montás Ureña es economista de la salud y candidata doctoral (PhD) en Sistemas de Salud y Economía del Desarrollo en la Universidad de Harvard. Se especializa en salud global y utiliza métodos cuasiexperimentales para evaluar políticas y programas que impactan la salud pública, la calidad de la atención sanitaria, y el bienestar de las personas en situación de pobreza. Tiene una maestría en Salud Pública, con concentración en Gestión y Políticas de Salud, de la Universidad de Michigan, y una licenciatura en Economía de la PUCMM, en Santo Domingo.