Por Julio Hazim
Una democracia se debilita cuando cualquier crítica es interpretada como conspiración. Un gobierno puede tener buenas intenciones y promover reformas, pero eso no significa que todas sus decisiones estén libres de errores. Las observaciones de la Cámara de Cuentas, las preocupaciones de trabajadores, médicos, empresarios y ciudadanos forman parte del debate que debe acompañar una gestión.
Reconocer dificultades no significa atacar al gobierno. Al contrario, aceptar críticas permite corregir caminos y evitar conflictos. El poder no otorga la razón absoluta. La fortaleza de un liderazgo está en escuchar, rectificar cuando sea necesario y entender que gobernar implica responder ante toda la sociedad.