Por Julio Hazim
El mercado de medicamentos en el país es un caos preocupante. Es alarmante ver cómo circulan medicinas sin registro y cómo laboratorios de marca presionan para eliminar la competencia. Pero lo peor ocurre dentro de la industria: la piratería y la copia de fórmulas no nacen en lugares clandestinos, sino en laboratorios autorizados que operan con total impunidad. El impacto real lo sufre el paciente. Cuando alguien compra un medicamento falso o adulterado en busca de alivio, en realidad está poniendo su vida en grave peligro. Esta falta de control nos deja totalmente desprotegidos, y convierte un derecho básico como la salud en un riesgo constante.