crisis agrícola en San Juan de la Maguana
San Juan de la Maguana no carece de potencial: sus tierras, ubicación y tradición agrícola siguen siendo activos valiosos. Sin embargo, la combinación de políticas inconsistentes, inversión insuficiente y decisiones que priorizan la importación sobre la producción local ha debilitado su motor económico principal.

San Juan de la Maguana: pobreza por abandono estatal

El incremento de las importaciones agropecuarias —que pasaron de representar el 9.8 % al 28.2 % del consumo nacional entre 2020 y 2025— ha mermado la rentabilidad agrícola y profundizado el deterioro productivo regional
04/05/2026
3 minutos de lectura

Por Yulen Jorge

San Juan de la Maguana no es pobre por falta de minería. Su deterioro económico responde, principalmente, a fallas estructurales en la gestión pública: deudas impagas a productores, importaciones desmedidas que desplazan la producción local, abandono de infraestructura clave y planes gubernamentales con baja ejecución en el terreno.

El histórico “Granero del Sur” registra hoy una de las tasas de pobreza más altas del país. Sus fértiles tierras del Valle de San Juan, que por décadas abastecieron de habichuelas, arroz, maíz y otros granos a gran parte de la nación, ya no generan la riqueza de antes. Según estimaciones locales y datos del SIUBEN, la pobreza afecta a una proporción considerable de familias, acompañada de emigración constante.

Esta realidad no responde a la ausencia de industria minera, sino a problemas acumulados durante décadas.

Un deterioro progresivo

El declive productivo de San Juan no fue repentino. Desde finales de los años 80 y principios de los 90 comenzaron a acumularse factores que erosionaron su competitividad:

Años 90: Plagas (mosca blanca y virus del Mosaico Dorado), daños ambientales y baja tecnificación redujeron la capacidad productiva, aunque San Juan seguía liderando la producción de habichuelas.

2000s-2010s: Sequías frecuentes, deterioro de caminos y sistemas de riego, y competencia de importaciones afectaron seriamente los rendimientos.

Se repite una plaga en dos períodos diferentes

En la década de 2020, el sector agropecuario recibió golpes severos por plagas emergentes. Uno de los más graves fue la del “trips de la flor de la habichuela”, detectada a finales de 2023. La plaga sorprendió al Sistema Nacional de Vigilancia Fitosanitaria y provocó pérdidas entre el 50 % y 70 % en la cosecha 2023-2024, afectando aproximadamente 115.000 tareas y entre 5,000 y 6,000 productores.

Aunque en la campaña 2024-2025 el Ministerio de Agricultura implementó capacitaciones, manejo integrado de plagas y vedas de cultivos hospederos, la recuperación fue parcial y tardía. El daño económico y social ya estaba hecho. Paralelamente, otras plagas como la mosca blanca y el virus del mosaico dorado continuaron afectando cultivos clave, mientras la baja tecnificación limitaba la capacidad de respuesta.

En los años siguientes, la situación se agravó por sequías recurrentes, el deterioro de los sistemas de riego y la creciente competencia de productos importados. La misma plaga del trips reapareció con fuerza en campañas posteriores, evidenciando la fragilidad estructural del sistema de vigilancia fitosanitaria y la dificultad para lograr un control definitivo.

Infraestructura en deterioro y baja tecnificación

La crisis también está ligada al estado de la infraestructura agrícola. Los sistemas de riego y drenaje del Valle de San Juan, dependientes de la presa de Sabaneta, presentan problemas crónicos de sedimentación y baja eficiencia.

Menos del 15 % de la superficie agrícola cuenta con riego tecnificado (goteo o aspersión), lo que refleja un rezago importante en modernización. A esto se suma el deterioro de los caminos vecinales, que eleva los costos de transporte y reduce la competitividad.

Durante periodos de sequía, como el de inicios de 2025, las respuestas han sido principalmente restrictivas (limitación de siembras) en lugar de soluciones estructurales de sostenibilidad hídrica.

Respuestas tardías ante crisis sanitarias

La gestión de plagas ha sido otro punto débil. La infestación de trips afectó entre un 50 % y 70 % de la producción de habichuelas. Aunque se implementaron compensaciones y medidas de control posteriores, productores y técnicos coinciden en que la respuesta fue reactiva, no preventiva. El fortalecimiento del manejo integrado de plagas y de la extensión agrícola sigue siendo una deuda pendiente.

Planes ambiciosos, ejecución limitada

El denominado Plan San Juan, anunciado en 2022 y relanzado posteriormente, contemplaba inversiones superiores a RD$3,000 millones para reconversión agrícola, tecnificación de riego, mejora de caminos y saneamiento de deudas.

Productores locales reportan ejecución lenta en el terreno, comercialización asegurada limitada y soporte técnico insuficiente. Si bien se ha avanzado en la bancarización de miles de productores a través del Banco Agrícola, la reconversión productiva y de mercado ha sido más lenta de lo proyectado, según los agricultores.

Los dos ejes de la crisis: deudas e importaciones

A estos problemas se suman dos factores estructurales clave:

Deudas acumuladas: Estimaciones basadas en denuncias sectoriales y reportes oficiales sitúan la deuda del Estado con productores entre RD$300 y RD$600 millones.

Incremento de importaciones: Las importaciones agropecuarias pasaron de representar el 9.8 % del consumo nacional en 2020 al 28.2 % en 2025. Durante las cosechas locales, esta sobreoferta reduce precios y obliga a vender a pérdida o abandonar la producción, creando un círculo vicioso.

El gobierno defiende esta política para evitar escasez y estabilizar precios. Sin embargo, productores sostienen que se ha convertido en una práctica estructural que favorece a importadores en detrimento de la producción nacional.

Los indicadores macroeconómicos positivos (control de inflación, crecimiento del sector y exportaciones) conviven con problemas estructurales no resueltos en territorios como San Juan. Las importaciones han crecido más rápido que la producción local en rubros estratégicos, mientras persisten déficits en infraestructura, financiamiento y asistencia técnica.

Más que falta de recursos, una falla de gestión

San Juan de la Maguana no carece de potencial: sus tierras, ubicación y tradición agrícola siguen siendo activos valiosos. Sin embargo, la combinación de políticas inconsistentes, inversión insuficiente y decisiones que priorizan la importación sobre la producción local ha debilitado su motor económico principal.

Mientras la pobreza nacional ha disminuido, en la provincia persisten niveles significativamente más altos, junto a menor producción agrícola y mayor dependencia de alimentos importados.


De interés

La sombra

Por Julio Hazim La democracia no puede financiarse en la sombra. El financiamiento político sigue siendo una de las zonas más oscuras