La ONU y la OIEA se fueron al carajo

10/03/2026
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Por Andrés Julio Hirujo

Según registros, en 1991 ni la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ni su agencia especializada, la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA), confirmaron la existencia de “armas de destrucción masiva” en Irak, ya fueran nucleares o químicas. No obstante, Estados Unidos sostuvo que tales armas existían y, sin esperar informes concluyentes por parte de la ONU u OIEA ni la decisión del Consejo de Seguridad, inició una ofensiva militar mediante operaciones aéreas, marítimas y terrestres utilizando, además, el espectro radioeléctrico y transmitiendo los acontecimientos en tiempo real por televisión. En aquel momento prevalecía una “sospecha legítima”, pero no una confirmación por parte de Estados Unidos e Israel sobre la existencia de dichos armamentos.

El argumento para iniciar acciones militares sin legitimación de la ONU no es reciente, aunque persiste el cuestionamiento respecto a su carácter unilateral y las implicancias en cuanto al respeto al derecho internacional y a las normas modernas de conflicto armado, bajo el pretexto de un “ataque preventivo” para impedir el desarrollo de armas atómicas por parte de Irán. Este posicionamiento se refleja en la alineación de Estados Unidos con los parámetros israelíes de “no permitir que Irán desarrolle armas nucleares”, a pesar de que Irán es miembro de la OIEA y mantiene informada permanentemente a dicha agencia sobre su programa nuclear. Ello contribuye a la percepción de que únicamente Estados Unidos, Israel y sus aliados pueden determinar qué países están autorizados a desarrollar y fabricar armamento nuclear, minimizando conceptos como la soberanía nacional.

Históricamente, desde los conflictos en Corea y Vietnam, Estados Unidos ha intervenido militarmente sin declaratoria formal de guerra ni autorización explícita del Congreso o de la ONU, organización establecida como mediadora estratégica y árbitro en las relaciones internacionales. Este accionar es frecuentemente calificado como reflejo de una política de hegemonía.

Algunas interpretaciones geopolíticas sostienen que evitar la declaración formal de guerra responde al interés de no tener que admitir una posible derrota, estrategia acompañada de provocaciones, operaciones encubiertas y campañas de propaganda y desinformación global. Se observa, además, que Estados Unidos ha iniciado el conflicto actual con Irán de manera unilateral, ejerciendo posteriormente el denominado “derecho de represalia” ante las respuestas iraníes.

En este contexto, cabe analizar cuántas veces en las últimas semanas los principales medios de comunicación han informado sobre intervenciones públicas del secretario general de la ONU, en particular llamamientos al cese de hostilidades, diálogo diplomático o cumplimiento de normas internacionales consensuadas para la resolución pacífica de disputas.

Ciertos medios han resaltado que el objetivo estratégico de Estados Unidos en relación con Irán podría estar orientado a afectar a China, país que importa gran parte de su petróleo desde Irán. Si esto es así, los intereses estadounidenses estarían motivados principalmente por consideraciones económicas frente a la competencia estratégica con China, mientras que Israel sostiene razones de supervivencia ante declaraciones hostiles de Irán respecto a su existencia.

Por otro lado, aún no existe información concluyente sobre el destino del uranio localizado en la instalación iraní atacada dos meses atrás.

La escalada entre Estados Unidos-Israel e Irán continúa en aumento, sumándose progresivamente la participación de actores como Rusia y China en distintos niveles. Paralelamente, la actuación de la ONU y de la OIEA en este escenario resulta limitada.

Dicho en dominicano: La ONU se fue al carajo… y el mundo también.

Andres Julio Hirujo

Andres Julio Hirujo

Licenciado en Derecho, de la Universidad Tecnológica de Santiago, Utesa. Analista de radio y televisión, con más de 30 años de trayectoria. Dos hijos, algunos árboles; ningún libro.

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