Por Ramón Colombo
Quiero aprovechar la Semana Santa para ser feliz, verdaderamente feliz, sin políticos que enturbien mi mañana, sin caravaneos que me dañen la transparencia de la tarde, sin estrambóticas alocuciones nocturnas que me den pesadillas en la madrugada; quiero ser feliz y renovar lo mejor de mi condición humana, caminando sin tiempo por los parques soleados, escuchando el trino de los pájaros que hace tiempo olvidara, regodeándome en las horas del día sin analistas de las cuitas que aquejan a esta patria. Para intentarlo, he escogido un lugar ideal de bajo presupuesto, e invito a mis amigos a que allá nos encontremos, para gozar la placentera soledad a nuestras anchas, porque gran parte de sus habitantes se va en loco tropel hacia las playas (no olvidemos que el lugar a que me refiero sería perfecto, si no fuera porque tiene un excesivo número de dominicanos). Por favor, guárdenme en secreto el nombre del lugar sin mácula (no vaya a suceder la desgracia de que aquellos cancelen sus planes, si se enteraran). Invito a todo aquel que aspire, como yo, a ser feliz a que nos encontremos a partir del jueves en Santo Domingo de Guzmán, la Primada. (Es más, yo pago).
Periódico Hoy. 17 de abril de 1989.