La salud mental de los policías también es seguridad ciudadana

06/07/2026
3 minutos de lectura

Por Itania María

La muerte a tiros del joven Darlin Enmanuel Mercado Reyes, de 19 años, en Herrera, a manos del cabo José Francisco Moreta Heredia, obliga a formular una pregunta que no deberíamos seguir postergando: ¿qué tan preparados están nuestros policías para resolver un conflicto mediante la palabra y no mediante un arma de fuego?

También nos obliga a mirar un aspecto del que casi nunca se habla: ¿qué tan preparados están, emocional y psicológicamente, quienes tienen la responsabilidad de ejercer la fuerza en nombre del Estado?

Después de cada muerte causada por un agente policial, el país vuelve a discutir el uso de la fuerza, los protocolos y las sanciones. Pero hay una pregunta que casi nunca aparece en el debate: ¿cómo está la salud mental de quienes toman esas decisiones?

En la República Dominicana existen muy pocas investigaciones públicas sobre la salud psicológica de los miembros de la Policía Nacional y, hasta donde se conoce, no se ha publicado un estudio nacional que evalúe de manera sistemática variables como el manejo de la ira, el control de impulsos, la regulación emocional o el impacto del trauma ocupacional en estos agentes. Paradójicamente, estos temas apenas ocupan espacio en la conversación pública, pese a la enorme responsabilidad que recae sobre quienes tienen el mandato de proteger a la ciudadanía.

Más allá del rango —rasos, cabos, sargentos, tenientes, capitanes, coroneles o generales— todos comparten una misma responsabilidad: el Estado les confía el uso legítimo de la fuerza. La pregunta no es únicamente cómo utilizan un arma de fuego, sino cómo influye su estado emocional en las decisiones que toman bajo presión.

En un país donde numerosas personas han muerto durante intervenciones policiales —muchas de ellas calificadas como “intercambios de disparos”— resulta legítimo preguntarse si estamos prestando suficiente atención al bienestar psicológico de quienes tienen la misión de proteger a la ciudadanía.

La Asociación Internacional de Jefes de Policía (IACP) lo resume con claridad:

“La seguridad de los agentes suele abordarse principalmente en términos de equipamiento, tácticas y formación. Los chalecos antibalas, las tácticas defensivas, los protocolos de persecución y las normas sobre el uso de la fuerza desempeñan un papel fundamental a la hora de proteger a los agentes frente a posibles daños. Sin embargo, uno de los factores determinantes más importantes para la seguridad del agente recibe mucha menos atención: su estado mental y emocional al tomar decisiones bajo presión”.

Vale la pena detenerse en esa última idea: el estado mental y emocional del policía mientras toma decisiones bajo presión. Ese es, probablemente, uno de los aspectos menos discutidos de la reforma policial.

Durante los últimos años, el Estado dominicano ha destinado más de RD$8,300 millones a la reforma policial. Se han renovado cuarteles, uniformes, equipos, vehículos y programas de capacitación. Todo ello es importante. Pero sigue pendiente una pregunta fundamental: ¿Con qué frecuencia se evalúa la salud mental de los policías que diariamente salen armados a patrullar nuestras calles?

Evaluar psicológicamente a un aspirante cuando ingresa a la institución a los 18 o 20 años no garantiza que conserve el mismo equilibrio emocional diez años después, tras miles de intervenciones, exposición constante a la violencia, jornadas extenuantes y experiencias potencialmente traumáticas.

La evidencia científica muestra que la exposición repetida al trauma, el estrés crónico y otros problemas de salud mental pueden afectar el juicio, la regulación emocional y la toma de decisiones cuando no reciben evaluación y tratamiento adecuados. Esto no significa que un policía con ansiedad, depresión o trastorno de estrés postraumático sea necesariamente violento. Significa, más bien, que la salud mental debe ser monitoreada con el mismo rigor con el que se evalúa el entrenamiento físico o el manejo de las armas.

Por eso, la reforma policial no puede limitarse al salario, las cámaras corporales, los vehículos o los uniformes. La verdadera transformación también pasa por reconocer que la salud mental de un policía es un asunto de seguridad ciudadana.

Un sistema serio debería incluir evaluaciones psicológicas periódicas, programas confidenciales de atención, espacios de descarga emocional, intervenciones tempranas y seguimiento continuo de quienes están expuestos diariamente a situaciones de alto impacto. Porque un arma puede dispararse en segundos.

Pero la estabilidad emocional de quien la porta se construye —o se descuida— durante años.

Itania María

Itania María

Itania María es psicóloga clinica con maestria en psicología de la salud y terapia familiar y de Pareja. Tiene especializaciones en abordaje terapéutico para personas que viven con trastorno límite de la personalidad y en Psicooncología.

En las redes sociales la puedes encontrar en Instagram:

@enplenitudconitania

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