No fue solo una bofetada: lo que revela perder el control en público

29/04/2026
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Por Itania María

A Jhossan Capell su manejo de la ira lo expuso. Y quizás ese sea el mejor ejemplo de lo que ocurre cuando una emoción te traiciona… y todos lo ven.

Perder el control emocional en público no es simplemente “un momento de impulso”. Es una señal de desregulación emocional que muchas veces se viene gestando desde antes, aunque no siempre sea visible.

Este lunes, el comunicador le dio una bofetada al padre de una de las jóvenes víctimas del caso Jet Set, ocurrido el 8 de abril del año pasado. El hecho vuelve a poner sobre la mesa un tema incómodo: la dificultad que tienen muchos adultos para manejar la ira en situaciones de alta presión.

En República Dominicana —como en muchas culturas— existe una tendencia a justificar la agresividad en público: “se dejó llevar”, “cualquiera explota”, “lo provocaron”. Pero desde la psicología clínica, perder el control no aparece de la nada. Se hace presente cuando hay una pobre capacidad de regulación emocional.

La ira no es el problema. La ira es una emoción básica, adaptativa e incluso necesaria en determinados momentos. El problema aparece cuando te gana… y no sabes qué hacer con ella.

Cuando una persona reacciona con agresividad, entran en juego varios procesos: activación fisiológica intensa (el cuerpo en alerta), pensamiento rígido (“tengo que responder”) y pérdida del control de impulsos. En ese estado, la persona no evalúa consecuencias: actúa para descargar.

Perder el control en privado ya es problemático. Hacerlo en público —y frente a cámaras— eleva el nivel de gravedad. ¿Por qué? Porque indica que ni siquiera la presión social logra contener la reacción. Es decir, la emoción supera incluso el instinto de autocuidado. Y eso no es poca cosa.

Aquí conviene aclarar algo importante: un evento no define completamente a una persona. No se puede diagnosticar ni afirmar cómo alguien se comporta en su vida privada basándose en un solo hecho. Pero sí se puede analizar lo que ese comportamiento revela: dificultades en el manejo de la ira, baja tolerancia a la frustración y respuestas impulsivas ante el conflicto. Y eso, por sí solo, ya es significativo.

Este tipo de situaciones genera tanto debate porque toca algo universal: todos sentimos ira, todos enfrentamos frustración. Pero no todos reaccionamos igual. La diferencia está en la capacidad de detenerse antes de actuar.

La pregunta no es por qué alguien reaccionó así.  La pregunta es otra: ¿qué tan preparada está una persona para sostener lo que siente sin que eso la desborde? Porque cuando la emoción toma el control, ya no estamos hablando de un momento. Estamos hablando de un límite.

Itania María

Itania María

Itania María es psicóloga clinica con maestria en psicología de la salud y terapia familiar y de Pareja. Tiene especializaciones en abordaje terapéutico para personas que viven con trastorno límite de la personalidad y en Psicooncología.

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