El dolor no se aplaza. La rabia tampoco.

27/04/2026
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Por Yulen Jorge

Ayer, en torno a la audiencia preliminar contra los hermanos Antonio y Maribel Espaillat, se produjeron dos bofetadas. Una, la del periodista y exsenador Jhossan Capell a José Luis Custodio, padre de una de las víctimas de la tragedia del Jet Set. La otra, la del sistema judicial a los familiares que, sin perder un ápice de voluntad de lucha por justicia, han ido en procesión al Palacio de Justicia en busca de una respuesta que tarda y, al parecer, tardará más. Ha pasado un año y 19 días desde el colapso que mató a 236 personas e hirió a más de 180. Y seguimos en fase preliminar.

Cada aplazamiento es una estación más en el viacrucis. Es meter el dedo en la llaga de un duelo que no cierra. Más de 50 querellas ya se han retirado. Algunos hablan de “acuerdos económicos”. Mientras tanto, las familias que permanecen firmes en su decisión de llegar hasta las últimas consecuencias exigen que el delito sea tipificado como homicidio voluntario, no como un simple “accidente”.

El comunicador que agredió al señor Custodio es defensor de los Espaillat. En pleno patio del Palacio de Justicia ofreció una demostración cruda de lo que ocurre cuando alguien sabe que la causa que defiende hace agua por todos lados. El desahogo de un padre herido —por la pérdida y por la impotencia ante la lentitud de la justicia— fue el detonante de un episodio tan furibundo como bochornoso.

El juez Raymundo Mejía extendió, una vez más, el calendario. Otra dilación. La nueva fecha: primero de mayo, para que la defensa presente el peritaje técnico que el propio magistrado autorizó, y sobre el cual advirtió que no aceptará más suspensiones

La tragedia del Jet Set marca un hito aciago en la historia reciente dominicana. Pero también sentará un precedente: los familiares de quienes murieron en el derrumbe del techo seguirán peregrinando al Palacio de Justicia tantas veces como sea necesario. Esta vez no valdrá la táctica del desgaste.

Cada día de tardanza será un motivo más para persistir. Y con los familiares, un país entero que se niega a quedarse de brazos cruzados, mirando el circo desde las gradas.

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