Por Julio Hazim
La estructura sanitaria funciona como un laberinto donde administradores y prestadores actúan sin objetivos comunes. Los administradores deciden quién puede ofrecer servicios y en qué condiciones, mientras médicos, clínicas, laboratorios y farmacias recorren un trayecto lleno de controles que rara vez se articulan. Cada procedimiento depende más de la burocracia que de la urgencia del paciente. La enfermedad, sin embargo, no distingue clases. El paciente atraviesa consultas, analíticas, imágenes y recetas para terminar comprando medicamentos cuyo origen desconoce. La desigualdad no está en la enfermedad, sino en el camino para tratarla.or