Por Ramón Colombo
Estoy convencido, definitivamente convencido, de que el problema más grande de la República, a lo largo y ancho de su tumultuosa historia; frente al cual han sido incapaces, absolutamente inútiles, todas las administraciones del Ayuntamiento del Distrito Nacional, la Secretaría de Estado de Obras Públicas y la Oficina Supervisora de Obras del Estado, desde que se inventara el asfalto , la pala y el rodillo; donde han fracasado todas las planificaciones, presupuestos sectoriales del área constructiva, y todas las leyes, reglamentos y propósitos viales; el problema que más daño social ha causado en la nación dominicana, por los rezagos y malestares que causa a toda diligencia pública o privada; el problema que evidencia el más patético fracaso de la institucionalidad democrática… ese problema, ha sido y sigue siendo, digo, señalo y subrayo, el maldito hoyo de la Luperón con Gustavo Mejía Ricart, que sigue ahí como el primer guandul, a pesar de los editoriales de Federico, los aserrines de Osvaldo, las roeduras del Roedor y los bulevares de Pablito (fauna feroz a la que hoy sumo la radical insurgencia de mi voz).
Publicado el 28-08-01, en Listín Diario