Marcha multitudinaria de este domingo 3 de mayo en San Juan de la Maguana, convocada por el Movimiento Suroeste Unido por el Agua y la Vida
Imagen: fuente externa.

San Juan busca romper el historial de luchas sin victorias definitivas contra la minería

03/05/2026
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Prisma

La marcha multitudinaria de este domingo 3 de mayo en San Juan de la Maguana, convocada por el Movimiento Suroeste Unido por el Agua y la Vida, no es una protesta más. Representa un intento consciente de romper el historial de oposición sin victorias definitivas que han marcado las luchas anti-mineras en la República Dominicana durante más de una década.

En el país, las grandes movilizaciones contra proyectos mineros han logrado victorias parciales o temporales, pero rara vez han conseguido detener de forma permanente la explotación. Ejemplos claros:

Loma Miranda (2012-2014): Las masivas protestas y la presión social obligaron al presidente Danilo Medina a vetar la ley que permitía la explotación. Fue un triunfo importante, pero el tema ha reaparecido con intentos de exploración años después. 

Pueblo Viejo / Cotuí (Barrick Gold, desde 2010): Las comunidades lograron reubicaciones, compensaciones y mayor atención gubernamental, pero la mina sigue operando, expandiéndose y generando nuevas presas de relaves. Las denuncias de contaminación y problemas de salud continúan. 

Otras luchas en la Cordillera Central y Septentrional: Han conseguido retrasar proyectos, forzar estudios ambientales y generar debate nacional, pero sin frenar de raíz la actividad extractiva.

En todos estos casos, el pueblo ha logrado oponerse con fuerza, visibilizar los riesgos y obtener concesiones parciales, pero no ha conseguido la victoria definitiva que buscaba: la cancelación permanente de la explotación minera en zonas sensibles para el agua y la agricultura.

Hoy, San Juan intenta cambiar ese patrón 

La provincia, conocida como el “granero del sur”, ha salido a las calles con una determinación inédita: huelga provincial el 27 de abril, marcha masiva el 3 de mayo y un mensaje claro: “Oro no, agua sí”. A diferencia de luchas anteriores, la movilización sanjuanera cuenta con un apoyo transversal más amplio (comunitarios, agricultores, Iglesia, exlegisladores y sectores productivos) y un enfoque estratégico: no solo protestar, sino romper el ciclo histórico de resistencias que terminan en derrotas relativas o empates prolongados.

Los organizadores y participantes son conscientes de que, en las palabras que circulan en las calles: “No queremos repetir la historia de Cotuí ni quedarnos en una oposición que al final no detiene la mina”. Buscan convertir esta lucha en la que el pueblo gane de forma clara y definitiva.

Mientras el gobierno mantiene que el Proyecto Romero de GoldQuest sigue en evaluación ambiental y no tiene licencia de explotación, la presión de San Juan coloca el debate en un punto de no retorno: o se protege el agua y la producción agrícola del suroeste, o se repite el historial de luchas que, aunque dignas y valientes, no han logrado el objetivo final.

San Juan no quiere sumar otra derrota relativa. Quiere ser el caso que marque el quiebre: la primera gran victoria completa de un pueblo que dice “hasta aquí” a la minería en sus montañas y sus ríos.

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