Por Yulen Jorge
La República Dominicana se encuentra en una posición sólida, pero, al mismo tiempo, puede ser vulnerable en el tablero económico global. En esta entrega de Prisma, Amelia U. Santos-Paulino, PhD, jefa de Investigación de Inversiones de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), analiza, desde su mirada profesional independiente, los desafíos y las oportunidades en el futuro inmediato del país, el panorama geopolítico y las oportunidades de expansión de la economía local. A lo largo de la entrevista, la economista enfatiza que la estabilidad macroeconómica, aunque necesaria, es insuficiente si no se acompaña de una apuesta radical por el capital humano y una infraestructura que responda a las exigencias de las cadenas de valor modernas.

PRISMA: Si el mundo económico actual fuera un tablero, ¿en qué posición estaría la República Dominicana y cuál es el movimiento pendiente?
A. U. S. P.: Desde una perspectiva económica, la República Dominicana ocupa una posición intermedia pero estratégica en la economía internacional. Es una economía pequeña y abierta, con inserción activa en cadenas regionales y globales de valor, acceso preferencial a mercados clave y una trayectoria de estabilidad macroeconómica. Esa posición le ofrece oportunidades reales de consolidación y avance, pero su aprovechamiento depende cada vez más de factores estructurales, entre los cuales el capital humano y la infraestructura son determinantes.
La evidencia económica es clara en señalar que, más allá de la localización o los costos, la capacidad de atraer inversión de mayor calidad, escalar en las cadenas de valor y sostener el crecimiento en el tiempo depende de la formación, las competencias y la adaptabilidad de la fuerza laboral. En este sentido, el desafío central no es solo potenciar ventajas comparativas tradicionales, sino invertir de manera sostenida en educación, capacitación técnica y desarrollo de habilidades, alineándolas con las necesidades productivas actuales y futuras.
Fortalecer el capital humano permite, además, reducir vulnerabilidades asociadas a la estructura productiva y a la exposición a choques externos, facilitando la diversificación económica y la adaptación a cambios tecnológicos, ambientales y geoeconómicos. Integrar esta dimensión en las estrategias de inversión, comercio y desarrollo sostenible es clave para transformar la posición del país en el tablero económico global en una ventaja duradera y resiliente.
“Me preocupa la economía política del desarrollo: la dificultad de sostener estrategias de largo plazo frente a presiones de corto plazo y ciclos políticos”.
PRISMA: ¿Qué errores cometen los países pequeños cuando quieren atraer la inversión extranjera?
A. U. S. P.: Uno de los errores más frecuentes es atraer inversión extranjera sin integrarla en una estrategia clara de desarrollo sostenible.
En esos casos, la inversión puede aumentar la actividad económica sin necesariamente traducirse en empleo de calidad, reducción de brechas de género o mejoras ambientales. Otro error importante es no comprender plenamente el vínculo estructural entre inversión y comercio. Una parte sustancial del comercio mundial está organizada por empresas multinacionales a través de sus redes de producción, por lo que la inversión no solo aporta capital, sino que define qué se produce, cómo se produce y cómo se participa en los mercados internacionales. Cuando este vínculo no se gestiona estratégicamente, los países corren el riesgo de quedar atrapados en segmentos de bajo valor agregado.
PRISMA: ¿Los países del Caribe compiten entre sí por inversión o desperdician la ocasión de constituirse en un bloque estratégico?
A. U. S. P.: En la práctica, ambas dinámicas coexisten. Hay competencia entre países por atraer determinados tipos de inversión, pero también existe un potencial significativo para una articulación más complementaria que aún no se ha explotado plenamente.
Una aproximación regional permitiría avanzar hacia una especialización funcional, en la que distintos países actúen como nodos regionales en función de sus ventajas específicas. Por ejemplo, algunos países pueden consolidarse como plataformas logísticas y de distribución; otros como centros de manufactura especializada, servicios empresariales, turismo de alto valor o economía digital; y otros como nodos para servicios financieros, creativos o vinculados a la economía azul. Esta lógica de complementariedad facilitaría la construcción de cadenas regionales de valor, en lugar de replicar las mismas actividades en economías pequeñas y fragmentadas.
Desde una perspectiva económica, este tipo de coordinación no elimina la competencia, pero la reorienta hacia una competencia basada en capacidades, calidad institucional y capital humano, más que en incentivos fiscales o costos laborales. Ello fortalecería la posición del Caribe como región ante inversionistas internacionales y permitiría atraer proyectos de mayor valor agregado y mayor impacto en el desarrollo de largo plazo.
“El desafío fundamental no es solo fortalecer las ventajas comparativas tradicionales, sino invertir de forma sostenida en infraestructura sostenible, educación y capacitación técnica, y en las habilidades que exige la economía del futuro”.
PRISMA: ¿Puede la República Dominicana fortalecer su desarrollo si la inversión extranjera sustituye, en vez de complementar, el sector productivo?
A. U. S. P.: La inversión extranjera puede ser un motor importante del desarrollo solo cuando está bien integrada en la economía nacional. La experiencia comparada muestra que los mayores beneficios se obtienen cuando la inversión extranjera complementa la inversión doméstica y genera efectos de arrastre: impulsa la creación de proveedores locales, promueve la transferencia de conocimientos, mejora prácticas productivas y estimula nuevas inversiones nacionales.
Cuando, por el contrario, la inversión extranjera sustituye o desplaza al sector productivo local, los impactos positivos tienden a ser limitados y, en algunos casos, reversibles. En estas situaciones, pueden debilitarse las capacidades empresariales nacionales, reducirse los incentivos a invertir localmente y consolidarse estructuras productivas poco diversificadas. Esto es particularmente relevante en economías pequeñas y abiertas, donde la densidad del tejido productivo es clave para la resiliencia.
Desde el trabajo analítico de UNCTAD se ha documentado de manera consistente que la diferencia entre ambos resultados no es automática ni depende únicamente del inversionista, sino del marco de políticas públicas. Elementos como la promoción de encadenamientos productivos, el apoyo a pequeñas y medianas empresas, la facilitación de la reinversión, el desarrollo de capacidades y la coherencia entre políticas de inversión, comercio y desarrollo productivo son determinantes para maximizar los efectos positivos de la inversión extranjera.
En ese sentido, el desafío para la República Dominicana no es atraer más inversión extranjera per se, sino asegurar que esta inversión contribuya efectivamente a la transformación productiva, complemente al sector nacional y fortalezca las bases de un crecimiento más sostenible e inclusivo a largo plazo.
PRISMA: ¿Hasta qué punto los acuerdos comerciales limitan la soberanía económica?
A. U. S. P.: Los acuerdos comerciales no eliminan la soberanía económica, pero la condicionan y regulan. Establecen reglas que buscan previsibilidad y no discriminación, al tiempo que dejan espacios para políticas públicas legítimas. El desafío para países pequeños es utilizar esos acuerdos para fomentar la creación de comercio, diversificar socios y preservar márgenes de acción compatibles con sus objetivos de desarrollo.
PRISMA: La relocalización de cadenas de suministro (nearshoring), ¿es una oportunidad real?
A. U. S. P.: Es una oportunidad real, pero no automática. La proximidad geográfica por sí sola no garantiza beneficios. Para aprovecharla, los países necesitan infraestructura adecuada, capital humano, estabilidad regulatoria y políticas activas que integren a las empresas locales en las nuevas cadenas de valor. Sin estos elementos, el riesgo es atraer inversiones con bajo impacto estructural.
PRISMA: ¿Qué error estratégico se repite en América Latina cuando se negocia con grandes potencias?
A. U. S. P.: Más allá de consideraciones geopolíticas, lo que con frecuencia se subestima es la necesidad de integrar las negociaciones comerciales en una estrategia explícita de desarrollo productivo. A menudo se pone un fuerte énfasis en el acceso a mercados, asumiendo que este se traducirá automáticamente en diversificación y mayor valor agregado, cuando la evidencia económica muestra que ese vínculo no es automático.
Desde la economía del comercio, el impacto de un acuerdo depende de cómo interactúa con las capacidades productivas existentes, los costos de ajuste y las posibilidades de aprendizaje. Sin políticas complementarias, los acuerdos tienden a consolidar especializaciones estáticas, en lugar de promover ventajas comparativas dinámicas y procesos de transformación productiva.
Además, suele subestimarse el efecto de las reglas y disciplinas detrás de la frontera —como normas técnicas, estándares, requisitos regulatorios y de origen— que, en la práctica, determinan la capacidad real de las empresas locales para beneficiarse del comercio. Cuando estos elementos no se evalúan adecuadamente, incluso acuerdos ambiciosos pueden tener efectos limitados sobre el desarrollo.
PRISMA: ¿Qué tendencia global en inversión está subestimada actualmente?
A. U. S. P.: La creciente importancia de la inversión en servicios, digitalización y sostenibilidad, especialmente aquella que combina tecnología, capital humano y objetivos ambientales. Estas inversiones están transformando la forma en que los países participan en la economía internacional.
“Los acuerdos comerciales no eliminan la soberanía económica, pero la condicionan y regulan.”
PRISMA: ¿Cuáles riesgos geopolíticos podrían afectar directamente el flujo de inversión hacia la región?
A. U. S. P.: La fragmentación de la economía global, el uso estratégico de políticas industriales, el aumento de tensiones geopolíticas y los riesgos climáticos pueden generar mayor volatilidad en los flujos de inversión. Desde UNCTAD analizamos cómo estos factores afectan de manera desproporcionada a economías pequeñas y abiertas.
Mis estudios de investigación muestran que los cambios en las políticas comerciales entre grandes economías no se traducen automáticamente en mayor inversión hacia terceros países. Esto se explica porque las decisiones empresariales están determinadas por la estructura y la interdependencia de las cadenas de valor, lo que incluso puede generar desviaciones en los flujos de comercio e inversión.
PRISMA: ¿Qué conversación urgente sobre inversión y desarrollo aún no se ha dado en el país?
A. U. S. P.: La conversación pendiente es cómo orientar la inversión hacia objetivos concretos de desarrollo económico, social y ambiental. Esto implica vincular de manera explícita los proyectos de inversión con las prioridades nacionales de crecimiento, adaptación al cambio climático, infraestructura, inclusión social y sostenibilidad, y utilizar instrumentos de política para guiar ese proceso.
PRISMA: ¿Qué mito económico domina el debate público dominicano y debería desmontarse?
A. U. S. P.: Las reformas económicas no pueden evaluarse en abstracto; sus efectos dependen del diseño, la secuencia y las condiciones institucionales y productivas en las que se implementan. Como han señalado los Premios Nobel en economía Joseph Stiglitz y Angus Deaton, incluso reformas bien intencionadas pueden producir resultados limitados o no previstos si no toman en cuenta las fallas de mercado, las capacidades institucionales y la evidencia empírica sobre sus efectos reales.
En ese contexto, los procesos de coordinación interinstitucional y de consulta con los actores económicos y sociales son clave para mejorar el diseño, la implementación y la sostenibilidad de las reformas.
PRISMA: Desde su trayectoria, ¿qué le preocupa cuando piensa en el futuro económico del país?
A. U. S. P.: Me preocupa la economía política del desarrollo: la dificultad de sostener estrategias de largo plazo frente a presiones de corto plazo y ciclos políticos. Sin consensos amplios y continuidad en las políticas, incluso buenas iniciativas pueden perder efectividad.
PRISMA: Si esta entrevista la leyera un joven dominicano que quiere influir en el futuro del país, ¿qué consejo le daría?
A. U. S. P.: Le diría que aspire a formarse al más alto nivel posible, con bases analíticas sólidas, capacidad de argumentación y manejo riguroso de evidencia. La influencia que perdura se construye mediante contribuciones informadas, consistentes y sostenidas en el tiempo, desde cualquier ámbito profesional.
PERFIL
Amelia U. Santos‑Paulino es jefa de la Sección de Investigación sobre Inversiones de la División de Inversión y Empresa de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD). En esta función, dirige la agenda de investigación y la labor normativa en materia de inversión internacional y desarrollo. Asimismo, fue editora adjunta de la revista Transnational Corporations y es miembro del Consejo Asesor de Políticas del Journal of International Business Policy.
Anteriormente, se desempeñó como economista principal en la Sección de África de la Unidad de Comercio y Pobreza de la División de África, Países Menos Adelantados y Programas Especiales de la UNCTAD. Antes de incorporarse a la organización, fue Investigadora y Directora de Proyectos en el Instituto Mundial de Investigación en Economía del Desarrollo (UNU‑WIDER) en Helsinki; Investigadora Profesional (Research Fellow) en el Instituto de Estudios del Desarrollo de la Universidad de Sussex; y Economista Senior en el Banco Central de la República Dominicana.
Ha sido asesora del Gobierno de la República Dominicana en temas de comercio internacional durante las negociaciones del Tratado de Libre Comercio CAFTA‑EE. UU. Asimismo, ha sido profesora visitante en el Instituto Universitario de Altos Estudios Internacionales y del Desarrollo (IHEID) de Ginebra, e investigadora visitante en la Universidad de California, Davis; la Universidad de Fudan en Shanghái; y el Instituto del Banco Asiático de Desarrollo en Tokio.
Su producción académica incluye publicaciones en revistas como Economic Journal, Cambridge Journal of Economics y World Development, además de la edición de libros publicados por Oxford University Press y Cambridge University Press.
Ha sido galardonada con la Medalla al Mérito de la Mujer Dominicana —una condecoración oficial del Gobierno dominicano otorgada por el Poder Ejecutivo durante la ceremonia presidencial del Día Internacional de la Mujer—, y con un reconocimiento del Colegio Dominicano de Economistas (CODECO). Asimismo, fue la primera mujer en recibir el Premio de Investigación Juan Pablo Duarte (JPD) del Banco Central de la República Dominicana. [es.wikipedia.org], [presidencia.gob.do]
Posee un doctorado y una maestría en Economía por la Universidad de Kent, Reino Unido, y es egresada del programa de formación ejecutiva de la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de la Universidad de Harvard.
Es orgullo nacional e internacional. Ejemplo a seguir ! Hija de maestros un ser humano excepcional! Una mujer empoderada y apoderada de sus conocimientos connmucha humildad.
Felicidades Sra.Amelia Santos Paulino.te admiro!
Muchas gracias querida Amada! Eres parte
de nuestra historia !
Qué orgullo me da leerte y aprender sobre tu trayectoria y logros profesionales. Todo mi cariño Amelia.
Gracias querida Olga por siempre estar !