Por Julio Hazim
La división de los partidos tradicionales no ha sido fruto del azar, sino de operaciones políticas calculadas. La ruptura del PRD que dio origen al PRM, y la posterior división del PLD que creó la Fuerza del Pueblo, responden a estrategias destinadas a debilitar estructuras dominantes. Actores internos fueron colocados para fracturar organizaciones desde adentro, lo que altera el equilibrio político nacional. Estas divisiones no solo reconfiguraron el mapa partidario, sino que permitieron a sectores de poder redistribuir influencia y controlar escenarios electorales. La fragmentación se convirtió en herramienta para impedir mayorías sólidas y garantizar que ningún partido acumule suficiente fuerza para gobernar sin tutelas.