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Por Prisma
En la primera parte de esta entrega, el prestigioso historiador Roberto Cassá destacó los principales problemas que enfrenta el país frente a la situación de la migración de ciudadanos haitianos a través de la frontera dominicana, con ayuda, en muchos casos, de personal cuya responsabilidad es resguardar el pase de indocumentados. Asimismo, recreó un posible futuro no muy halagüeño de mantenerse “el desorden migratorio”. En esta segunda parte, Cassá describe las falencias del sistema educativo dominicano y su repercusión en la actual y futuras generaciones.
Prisma. ¿De qué manera las tecnologías han influido en lo concerniente a las fuentes históricas, y cómo afecta a la hora de abordar una investigación?
Roberto Cassá. La fuente histórica es algo amplio, todo rastro del ser humano es una fuente histórica, cualquier cosa es una fuente. Hay fuentes materiales, escritas y orales. Los cambios actuales en materia de tecnología están proporcionando nuevas fuentes, como son los datos digitales. Todo ha cambiado y todo está cambiando de manera muy rápida en materia de transmisión de información, generación de información, y, además, con toda esta tecnología el estudio de la historia se facilita enormemente, debido a que hay mucha más posibilidad de acceder a la información. Un ejemplo son las bibliotecas digitales, como la biblioteca panhispánica, la Biblioteca Nacional de Francia, entre otras.
Aquí, en el país, está el Archivo General de la Nación, AGN, una biblioteca digital con cerca de 15 mil libros colgados en internet. Un estudiante dominicano aquí o en Estados Unidos tiene acceso directo a la bibliografía nacional.
P. ¿Cómo ve la enseñanza de la historia?
R. C. El sistema educativo dominicano es uno de los peores del mundo. Hay que martillar eso, y no por ánimo de polémica con nadie, sino porque es la verdad. Es, en parte, responsable de los vacíos de valores en el conjunto de la sociedad.
Por otro lado, la gestación de valores comienza en el hogar, y hoy día tenemos la mitad de los hogares disfuncionales, sobre todo los hogares pobres. Son muchachos que crecen en condiciones muy precarias, muy difíciles y no se puede esperar mucho de ellos. Terminan el bachillerato y son semianalfabetos. Eso no tiene que ver con la enseñanza de la historia, es en todo que tenemos un sistema educativo desastroso.
Además del conjunto de la sociedad y de los medios dirigentes, hay una responsabilidad del Estado; no de un gobierno en particular, y desde hace muchas décadas. Esto no es de ahora. Lo único que, por desgracia, este deterioro de la calidad educativa no cesa en profundizarse, es algo muy desgraciado que hipoteca el futuro de este país.
El país se está quedando cada vez con menos capital cultural. Eso es gravísimo, nefasto.
P. ¿La escuela podría contribuir a esa formación que los niños no reciben en sus hogares?
R. C. La escuela no está funcionando. La escuela no contribuye a suplir la deficiencia de los hogares, sobre todo los hogares pobres que es la mayoría de la población, porque aquí se habla de una sociedad de clase media y eso es totalmente absurdo, es una sociedad pobre, lo es y lo va a seguir siendo.
P. ¿Que cambió en la composición social dominicana?
R. C. Siempre ha sido un país pobre y sigue siéndolo. Claro, hay una clase media emergente, eso es verdad, pero es una minoría, la gran mayoría de gente sigue en la misma pobreza de siempre, eso no ha cambiado.
Hay un problema muy grave en materia de futuro del país y la educación debería ser el instrumento para modificar ese panorama, pero no lo está haciendo.
Además, hay otra cosa, el nivel educativo ya no es medio de promoción social en el país. Lo puede ser en un sector, en gente de determinados sectores, pero para muchos no es así. Yo converso con jóvenes que me dicen que no van a estudiar porque saben que siendo abogados ganan menos que siendo electricistas. Los jóvenes no quieren estudiar porque no ven futuro a través de la educación. Muy triste todo lo que estamos viviendo.
Perfil
Roberto Cassá, autor de más de 15 libros y unos 85 ensayos históricos.
Licenciado en Historia en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, UASD, continuó sus estudios en la Universidad Patricie Lumumba, de Moscú. Obtuvo los títulos de Maestro y Doctor en Historia en la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM. Por más de 30 años fue profesor de la Escuela de Historia y Antropología, Facultad de Humanidades, de la UASD y fundador y director de su Instituto de Historia. Fue presidente, actualmente miembro, de la Academia Dominicana de la Historia.
Ha ofrecido docencia en el Instituto Tecnológico de Santo Domingo, INTEC, la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, FLACSO, en México y Santo Domingo y en el Centro de Investigaciones y Docencia Económica, CIDE.
Fuente: AGN