Por Helena Robles
Seis años después de convertirse en el principal símbolo de las protestas ciudadanas, la Plaza de la Bandera volvió este jueves a ser escenario de una manifestación que reunió a cientos de personas con reclamos diversos contra el gobierno.
La concentración, convocada para las 3:00 de la tarde frente al Tribunal Constitucional, reunió a activistas, organizaciones sociales y ciudadanos sin identificación partidaria visible. Aunque la convocatoria tuvo como uno de sus ejes el rechazo a disposiciones del nuevo Código Penal, durante la jornada confluyeron demandas relacionadas con el costo de la vida, denuncias de abusos policiales, preocupaciones por la inseguridad ciudadana y críticas a decisiones recientes del gobierno.
Los manifestantes portaron banderas dominicanas, pancartas y cacerolas, mientras coreaban consignas en defensa de los derechos ciudadanos y reclamaban mayor transparencia en la gestión pública. La protesta se desarrolló bajo vigilancia de agentes de la Policía Nacional y de la Dirección General de Seguridad de Tránsito y Transporte Terrestre (Digesett), sin que se reportaran incidentes de consideración.
La movilización fue impulsada inicialmente por la artista Melymel y el movimiento Somos Pueblo, aunque con el paso de las horas se incorporaron ciudadanos y representantes de otros colectivos sociales, ampliando el espectro de las reivindicaciones planteadas.
Continúan los cacerolazos
La manifestación también dio continuidad a los cacerolazos que durante los últimos días se han registrado en sectores del Distrito Nacional y la provincia Santo Domingo.
En varios puntos de la capital, a las 8:00 p.m., residentes volvieron a hacer sonar cacerolas desde sus viviendas como forma de expresar su inconformidad con la situación del país, una modalidad de protesta que ha ganado presencia mediante convocatorias difundidas en redes sociales.
El peso simbólico de la Plaza
La elección de la Plaza de la Bandera vuelve a colocar en el debate público un espacio que adquirió un profundo significado político desde las protestas de 2020, tras la suspensión de las elecciones municipales.
Aquel escenario quedó asociado a las movilizaciones ciudadanas en defensa de la institucionalidad y la democracia. Su reaparición como punto de encuentro para nuevas protestas evidencia que continúa siendo uno de los principales referentes simbólicos de la expresión cívica en el país.