Por Julio Hazim
Para entender los problemas del país, primero hay que entender el país mismo. No es igual gobernar una nación pequeña y alfabetizada que una de diez millones con profundas brechas educativas. Sin ese punto de partida, cualquier diagnóstico es ilusorio. El país cambió más rápido que su clase dirigente: pasamos de esperar un periódico al día siguiente a grabar un hecho para buscar likes. También cambió la economía: la tasa de cambio que era 1.20, hoy ronda los 60 pesos; un salario que antes alcanzaba hoy no cubre lo básico. El país avanzó, pero su estructura política se quedó atrás sin resolver lo que es verdaderamente prioritario.