Por Yulen Jorge
La muerte de Nanita Pimentel Paul, la adolescente de 14 años estrangulada el pasado 24 de mayo, expuso nuevamente las debilidades estructurales del sistema forense dominicano, marcado por la escasez de personal especializado, la sobrecarga de trabajo y las limitaciones estructurales que afectan la capacidad de respuesta del Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif).
La desesperación que vivió la familia de Nanita por la tardanza para recuperar su cuerpo es la escena diaria de dolientes que tienen que esperar hasta 30 días para recibir los restos de sus familiares, conforme ha declarado a Prisma el médico forense Sergio Sarita Valdez. “República Dominicana es el único país en el mundo donde las experticias médicas forenses se hacen en un cementerio”, dijo en una entrevista realizada en noviembre pasado. Para la elaboración de esta nota, contactamos al doctor para actualizar la información. Nos dijo: “ninguna novedad”. La situación persiste.
La morgue principal del país opera en el Cementerio Cristo Redentor por una decisión administrativa de la Procuraduría General de la República. El Inacif es un organismo que depende de la Procuraduría General de la República, creado originalmente como Instituto de Patología Forense.
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Morgue sin neveras suficientes ni estabilidad de energía eléctrica
Mientras en el Gran Santo Domingo —con una población que supera los cuatro millones de habitantes— suceden diariamente entre 10 y 15 decesos que requieren autopsia judicial obligatoria, la morgue apenas tiene capacidad instalada para procesar entre 6 y 7 casos por día, situación que provoca un cuello de botella constante.

De acuerdo con la descripción del doctor Sarita Valdez, pionero de la medicina forense dominicana, las instalaciones carecen de la capacidad de refrigeración necesaria para evitar la descomposición de los cuerpos, una situación agravada por la falta de garantía de energía eléctrica las 24 horas y un entorno altamente contaminado e insalubre.
La paradoja de los recursos humanos
Alrededor del 40% de los médicos forenses formados están desempleados; mientras que los que están en nómina reciben “salarios de miseria”, por lo que se ven obligados a tener dos empleos.
Esta falta de personal contratado, sumada a la carencia de insumos y refrigeradores, imposibilita dar respuesta al volumen de casos diarios.