Las amantes y el poder

07/05/2026
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Por Julio Hazim

Desde siempre el poder y el deseo han caminado de la mano. Casi siempre termina mal. Antiguamente, en Francia ser la amante oficial era un trabajo real. Mujeres como Madame Pompidou eran expertas en política que decidían quién era ministro y en qué se gastaba el dinero del reino, llegando incluso a ser el filtro de la corte. Si querías llegar a ser rey, tenías que pasar por ellas.

Hoy la cosa no ha cambiado mucho. Muchos hombres poderosos usan mujeres deslumbrantes como un trofeo para demostrar su éxito. El problema es que en ese juego el líder suele cometer un error fatal. Confunde el interés con la lealtad. La historia nos dice que los líderes más listos como Augusto de Roma o incluso Joaquín Balaguer fueron tumbas en su vida privada. Sabían que en el momento en que dejas de escuchar a tus asesores para hacerles caso a las amantes, su carrera estaría sentenciada.

Hay ejemplos que no se olvidan porque se convierten en grandes escándalos, como Bill Clinton. Lo que empezó como un lío de Mónica Lewinski, terminó en una crisis que casi tumba su presidencia. Hoy no se ve solo como un engaño a su esposa, sino como un claro abuso de su posición como jefe. Eduardo dejó de ser rey de Inglaterra por una mujer, dejando el trono vacío. Su hermano, el rey Jorge, asumió el cargo siendo un hombre gago.

Pero el lío de faldas con las consecuencias más grandes de la historia fue lo ocurrido enrique VI. Rey de Inglaterra. Estaba casado con Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos de España. Ella era una mujer brillante y respetada, pero solo le había dado una hija, María. Enrique estaba obsesionado con tener un varón para asegurar que su familia siguiera en el trono. Ana Bolena, a diferencia de otras amantes de Enrique, había sido muy inteligente. Le dijo que no. Se negó a hacer una simple aventura porque quería ser la reina. Esta resistencia volvió loca Enrique, quien se pasó años tratando de que el Papa anulara su matrimonio con Catalina de Aragón. para casarse con Ana Bolena, pero el Papa estaba presionado por el sobrino de Catalina, el poderoso Carlos V, y nunca se dio.

Harto de esperar, Enrique VI tomó una decisión. Separó toda Inglaterra de la Iglesia Católica. Se autoproclamó jefe supremo de la Iglesia de Inglaterra, la anglicana, confiscó todas sus riquezas,

tierras y monasterios para su propio bolsillo. Obligó a todo el mundo a jurarle lealtad a él por encima del Papa; de lo contrario terminarían en la guillotina.

Sin duda, el caso más emblemático fue el que protagonizó Carlos, Diana y Camila. Príncipe Carlos nunca olvidó su gran amor, Camila, pero la monarquía lo obligó a casarse con una joven que cumpliera el perfil de la reina y que fuera virgen. Diana con apenas 19 años entró en un círculo de traiciones. Ella misma dijo, “Éramos tres en ese matrimonio y es mucha gente”. Carlos no pudo o no quiso cortar el hilo con Camila y esa debilidad convirtió la vida de la familia real en un programa de chismes a nivel mundial.

Al final, la falta de honestidad del futuro rey no solo destruyó a Diana, sino que dejó la monarquía con la autoridad moral por el suelo. Aquí en República Dominicana tenemos muchos casos del cruce entre el ejercicio del cargo y las relaciones personales. La mayoría no pueden decirse, pero hay casos en esta gestión que han llenado los tribunales, los titulares. La conclusión es sencilla. Las amantes destruyen reinos, gobiernos, oficinas y familias.

Julio Hazim

Julio Hazim

El doctor Julio Hazim es un comunicador con amplia trayectoria en el análisis político y social. Conocido por su estilo directo y crítico, ha sido una voz influyente en el debate público a través de la radio y la televisión. Conduce los programas Revista 110, Horas Extras y Hazim en la Z, donde aborda temas de actualidad nacional con énfasis en poder, institucionalidad y comportamiento político.

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