Por Itania María
Imagen de portada: Moisés Arías
La década de los 60 finalizaba y con ella se llevaba el fin de una cruel dictadura, la tercera invasión norteamericana y una guerra civil. El comienzo de los 70 lucía incierto y violento. En ese contexto, muchas veces las primeras promotoras de Profamilia tenían que correr por sus vidas, y no por la guerra, no: eran amenazadas —machete en mano— por hombres (parejas o maridos) de las mujeres a quienes ellas les llevaban información sobre planificación familiar y acceso a métodos anticonceptivos en el país. Era la época en que las dominicanas tenían entre 6 y 7 hijos.
Por esos años, en el país y, sobre todo, en las zonas vulnerables, no se conocía eso de “pastillas anticonceptivas” ni condones. Lo que prevalecía era un fuerte machismo, amparado en toda una historia y cultura. Eran los tiempos en que la mujer se quedaba en la casa a parir y ser ama de casa, y los hombres, a trabajar.
Entre esas promotoras que fueron correteadas en patios y callejones estaban Magaly Caram (actual directora ejecutiva) y la cofundadora de Profamilia, Gianna Sanguiovanni, quien falleció en enero de 2023, luego de más de 50 años trabajando en la institución.
Y es el 14 de marzo de 1966, hace ya 60 años, cuando se reunieron el pastor Donald Tood, su esposa Anabelle y el reverendo Alejandro Figueroa para —en lo que fue la primera reunión de la institución— dejar formalmente creada a Profamilia. La primera oficina de Profamilia (en la calle 30 de Marzo) fue bendecida por el sacerdote de la Iglesia católica, el padre Príamo Tejada.
Su creación respondió a la necesidad de educar a la población sobre el crecimiento poblacional, la planificación familiar y el acceso a métodos anticonceptivos en el país.
Desde sus inicios, la organización se planteó promover la educación sobre planificación familiar y facilitar el acceso a métodos anticonceptivos, especialmente entre mujeres y hombres de barrios urbanos marginados y comunidades rurales. También buscó sensibilizar a los tomadores de decisiones sobre la relación entre crecimiento poblacional y desarrollo social.
Hoy día, pocas instituciones en el país pueden exhibir tanta fortaleza, consistencia y aportes a la sociedad dominicana.

Hitos:
- Romper la cultura del silencio. La institución comienza a hablar y a educar sobre la procreación y la sexualidad, y se inicia el reconocimiento de los derechos de las mujeres.
- Como los anticonceptivos y la planificación familiar eran temas tabú, Profamilia comienza a trabajar en su abordaje, tratamiento y posicionamiento, promoviendo su análisis, discusión y toma de conciencia en el individuo y en la sociedad.
- Reducción de la tasa de natalidad de 7.4 hijos en los años 60 a 2 hijos en la actualidad.
- Llevar salud a zonas vulnerables a través del trabajo comunitario. Un aguerrido grupo de promotoras recorría ciudades y campos hablando sobre planificación familiar y distribuyendo anticonceptivos.
- En 1974 se crea la Unidad de Investigaciones Biomédicas, la cual ha recibido importantes premios nacionales e internacionales por sus investigaciones clínicas en salud reproductiva, contribuyendo al desarrollo de nuevas tecnologías anticonceptivas confiables, seguras y de alta eficacia.
- En 1981, Profamilia crea el Programa con Jóvenes. La institución es pionera y líder en el desarrollo y ejecución de programas y servicios amigables de salud sexual y reproductiva enfocados en la población joven.
Algunos de los desafíos de PROFAMILIA
En 1966, uno de los grandes retos fue enfrentar los mitos y tabúes relacionados con la sexualidad y la planificación familiar. De acuerdo con la directora ejecutiva de Profamilia, Magaly Caram, paradójicamente, este sigue siendo un gran desafío en 2026.
Magaly Caram ha declarado que en el país existe la necesidad de “marcos jurídicos robustos” y de una ruta crítica de denuncia y sanción de la violencia basada en género bien definida, al señalar que, históricamente, las mujeres, las juventudes y la población en situación de vulnerabilidad son quienes sufren con mayor rigor la falta de políticas públicas o los vacíos legales.
Igualmente, entiende que la educación sexual integral fomenta en las y los jóvenes el autoconocimiento, el cuidado y la valoración del cuerpo, y promueve actitudes apropiadas frente a la sexualidad, lo que contribuye a prevenir el abuso.
Afirma que es responsabilidad del Estado, de la familia y de la sociedad promover en la gente joven una conciencia crítica sobre su cuerpo y dotarles de herramientas para tomar decisiones informadas.
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