La violencia no la provocan ellas

Soraya Caba sostiene que la sociedad dominicana debe transformar sus imaginarios y exigir cambios en la conducta de los hombres
08/03/2026
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Por Itania María

La principal deuda que tiene actualmente la sociedad dominicana con las mujeres es entender que ellas no son culpables ni provocan la violencia que sufren, y comprender que son los hombres quienes deben cambiar su comportamiento violento.

Así lo afirma la doctora Soraya Lara Caba, presidenta del Patronato de Ayuda a Casos de Mujeres Maltratadas (PACAM).

La República Dominicana es el tercer país de América Latina con la tasa más alta de feminicidio (1.5 casos por cada 100,000 mujeres). El primer lugar lo ocupa Honduras y el segundo Guatemala.

En opinión de Lara, es necesario contar con un Estado que garantice cambios culturales que incidan en el imaginario colectivo, así como con una academia que incluya cátedras, investigaciones y la implementación de programas que contribuyan a transformar paradigmas y sesgos cognitivos en torno a la mujer y la violencia.

Soraya Lara Caba tiene un PhD en Filosofía. Es egresada de la Escuela de Psicología de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), donde también realizó una maestría en Terapia Familiar Sistémica. Es fundadora del Centro de Asistencia Familiar (CAF).

IM: Doctora, en este momento histórico, ¿cómo describiría la realidad de la mujer dominicana más allá del tema de la violencia?

Soraya Lara Caba: En la República Dominicana la mujer se encuentra en un periodo interesante. Más mujeres que hombres ocupan las butacas en las universidades, lo que refleja un grado de conciencia y entendimiento de que alcanzar un grado académico les permite mayor autonomía financiera y personal.

En la actualidad, la mujer considera que tiene mayor libertad de expresar lo que quiere, traza la ruta de sus aspiraciones y levanta la voz cuando entiende que sus derechos han sido vulnerados.

En distintos contextos hemos visto la evolución y la inserción de muchas mujeres en puestos políticos importantes, empresarias, emprendedoras, gestoras culturales, activistas en defensa de los derechos humanos, pastoras y diaconisas, entre otras funciones que no eran tradicionales en el mundo femenino.

No podemos dejar de lado, al grado de conciencia adquirido por las mujeres para reconocer cuando son violentadas por sus parejas o exparejas e identificar el tipo de violencia que sufren. Las denuncias son pruebas fehacientes de su valentía al evidenciar sus miedos y riesgos; una  manera de crear presión sobre el Estado a fin de ser tomadas en cuenta para su protección y emplazar para la sanción de sus agresores.

De manera que la mujer dominicana, se encuentra en evolución constante.

IM: ¿Qué diferencias observa usted en la realidad de las mujeres urbanas y rurales en cuanto al acceso a oportunidades educativas?

Soraya Lara Caba: Mi contacto personal con las mujeres rurales en los últimos años ha disminuido, pero unas pocas son suficientes para entender que la exposición que tienen a través de los medios de comunicación y redes sociales ha hecho posible que dediquen una mirada distinta hacia ellas mismas. Se sienten comprometidas con su bienestar, son trabajadoras y conscientes de que se merecen una mejor calidad de vida. Cuidan de su salud y son capaces de apoyar a sus hijos e hijas para que salgan a las grandes ciudades a estudiar y trabajar para que tengan mejores oportunidades que las ellas tuvieron.

La proliferación de universidades en distintas provincias ha hecho posible que más mujeres tengan mayores oportunidades de acceso a la educación y al conocimiento general. Mediante el contacto con mujeres cuando imparto charlas en provincias, notamos que muestran interés por el conocimiento, por mejorar su calidad de vida y por las relaciones con las parejas.

IM: Desde su experiencia clínica, ¿qué factores psicológicos y culturales siguen frenando el acceso de muchas mujeres a espacios de poder y liderazgo?

La cultura es viva, cambiante y permea las creencias interiorizadas que se asumen como una realidad a la cual se responde. A través del proceso de socialización cultural se transmiten sesgos cognitivos o ideas erróneas que condicionan, actitudes, comportamientos y roles. En la medida en que ellas entran en otro nivel de conocimiento distinto que les permiten cuestionar esas ideas, se les facilita debatir, reflexionar y, en consecuencia, cambiar.

En los partidos políticos hay muchas mujeres con aspiraciones a los diferentes cargos existentes, incluyendo el más alto, que es el presidencial.

Un logro de los últimos cuatrienios es que los políticos han entendido que la paridad es una ganancia. En las campañas publicitarias se muestran las fotos con el hombre y la mujer como aliados. Esto envía un mensaje a los votantes de que ellas son capaces de ejercer sus funciones.

IM: ¿Observa usted en consulta lo que podríamos llamar un “techo de cristal interno” es decir, barreras psicológicas internalizadas por la propia mujer que limitan su avance?

Soraya Lara Caba: Ese techo de cristal se ha ido difuminando. Las mujeres que se mueven en el ambiente político tienen sus aspiraciones claras y luchan por ellas. Ahora bien, hay que entender que no todas tienen la intención de llegar a ciertas posiciones ni a esas aspiraciones, y no se trata de tener un techo de cristal, simplemente sus intereses están en otros escenarios.

Las aspiraciones de las mujeres también tropiezan con hombres que se alían para no darles paso. No siempre se trata de un techo impuesto por ellas mismas.

Sería interesante que las mujeres políticas se organicen y reflexionen al respecto. No se trata de una amenaza sino de un asunto de paridad.

IM: ¿Hasta qué punto la dependencia económica sigue influyendo en las decisiones vitales de muchas mujeres en el país?

Soraya Lara Caba: Si te refieres a las mujeres que dependen económicamente de sus parejas, hay que analizarlo, porque existen diferentes escenarios. Primero, hay mujeres que trabajan y cuyos ingresos económicos son suficientes para llevar a cabo sus actividades cotidianas, pero que no se sienten seguras para asumir decisiones importantes. En oposición, hay otras con menos recursos económicos, pero son conscientes y, a pesar de sus carencias, confían en que pueden salir hacia adelante y generar recursos por alguna vía que les permita la supervivencia con miras a disfrutar de mejores condiciones de vida.

IM: ¿Qué mandatos familiares siguen transmitiéndose — muchas veces sin intención — que limitan el desarrollo pleno de las hijas en nuestro país?

Soraya Lara Caba: Los sistemas familiares fluctúan en diferentes niveles de diferenciación (madurez emocional). En las familias que operan en un nivel de madurez bajo, los integrantes se fusionan y todos responden a los mismos patrones aprendidos, les cuesta diferenciarse, asumir la autonomía e interactuar en un contexto social más amplio.

Ahora bien, la cultura en la que se importantiza al hombre, en la que se exalta el predominio masculino y la subordinación de la mujer, crea un modelo que permea a la familia, y si pertenece a una religión que estimule este tipo de relación, la posibilidad de que una mujer asuma una postura diferente se limita.

Quizás, más que mandatos, son patrones relacionales aprendidos en el primer escenario de socialización, la familia, reforzados por la cultura, la religión y la falta de información.

IM: Desde el trabajo del Pacam, ¿cuál sigue siendo hoy el daño psicológico más frecuente en mujeres que han vivido relaciones de violencia?

Soraya Lara Caba: Las consecuencias de la exposición a los distintos tipos de violencia son las mismas que se han investigado por décadas, como la depresión, ansiedad, trastorno de estrés postraumático, ideación suicida y somatizaciones.

IM: Doctora, ¿qué es más peligroso hoy para muchas mujeres: la violencia visible o la renuncia silenciosa a su propio proyecto de vida?

Soraya Lara Caba: Ambas condicionan a las mujeres a la adaptación a la adversidad. También hay que tomar en cuenta la indefensión o desesperanza aprendidas. No son decisiones conscientes, sino que con el paso del tiempo renuncian a defenderse porque lo que hacían no paraba la violencia. No se da cuenta de que la persona responsable de pararla es quien la ejerce, y en consecuencia, termina subordinada.

Un estudio realizado por el Pacam concluyó en que las mujeres expuestas a la violencia psicológica por control y aislamiento se asociaban a la depresión y el trastorno de estrés postraumático, una realidad que las condicionan al aislamiento y privación de la autonomía.

IM: ¿Qué deuda principal tiene hoy la sociedad dominicana con sus mujeres?

Soraya Lara Caba: La comprensión de la violencia, es decir, entender que la mujer no es la culpable de la violencia que sufre ni mucho menos quien la provoca. Que el hombre es el responsable de cambiar su comportamiento violento. Además, contar con un Estado que garantice los cambios culturales que inciden en el imaginario colectivo. También, que desde la academia se incluyan cátedras, investigaciones y la implementación de programas que aporten a los cambios de paradigmas y los sesgos cognitivos con relación a la mujer y la violencia.

IM: ¿Qué necesita despertar — psicológica y socialmente — en la mujer dominicana para ejercer plenamente su poder sin culpa?

Soraya Lara Caba:  No es posible despertar sin conocimiento, sin reflexión ni cuestionamiento.

La mujer piensa y se comporta de acuerdo con lo aprendido en la familia a través de los patrones relacionales. Es lo conocido, lo que es aceptado culturalmente. Los medios de comunicación tradicionales, las redes sociales y otros sectores de la sociedad también condicionan los comportamientos de la mujer.

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