Enero no empieza igual para todos

16/12/2025
3 minutos de lectura

Por Itania María
Psicóloga clínica y terapeuta familiar

Mientras algunos —llenos de optimismo— celebran el inicio del año con listas de metas, otros solo tratan de sobrevivir emocionalmente a enero. No es lo mismo empezar un año después de haber cosechado logros económicos, laborales o emocionales, que hacerlo cargando pérdidas: la muerte de un ser querido, el final de una relación, dificultades financieras, la salida inesperada de un trabajo que se amaba.
También están aquellos que llegan a enero con una herida menos visible; un peso más silencioso: doce meses de procrastinación, promesas no cumplidas y una culpa acumulada por no haber logrado aquello que “decretaron” al cierre del año anterior; no ser esa mejor versión de sí mismos que se prometieron ser.

Enero se ha convertido en una especie de examen emocional.  Un mes en el que millones de personas se preguntan ¿qué tanto avancé?, ¿hice lo que programé?, ¿alcancé mis metas?, ¿aproveché el tiempo?  Un punto que impulsa la autocrítica desde la comparación: ¿qué hizo el otro?, ¿que no hice yo” … y todo desde el espejo de las redes sociales (sobre todo Instagram y Facebook).   

Si bien es cierto que las personas van creando metas sobre la base de hacer realidad sus sueños; que la familia se crea expectativas y ejerce presión, también hay una sociedad trepidante que presiona; en la que el tener pesa mucho más que el Ser; una cultura que va imponiendo criterios de éxitos que suman o restan al valor personal, depende si tienes o no tienes lo que esta sociedad impone como indicadores de éxito.

No cumplir con esas expectativas y no sentirse lo exitoso y feliz que se soñó, además de lo que exige la sociedad, se convierte en una gran mochila de culpa y malestar emocional cada inicio de año.

A esta presión interna se suma la comparación constante. Las redes sociales amplifican la ilusión de que todos comienzan el año con claridad, energía y rumbo definido. Las fotografías de Instagram y de Facebook, exhiben logros, viajes, parejas felices, éxito en negocios y emprendimientos en tanto se ocultan procesos inconclusos, conflictos familiares, pérdidas económicas…

En su libro “La sociedad del cansancio” uno de los libros más icónicos del autor surcoreano, Byung-Chul Han, refiere que  los seres humanos están viviendo en una época “donde el sujeto ya no se siente explotado por otros, sino por sí mismo, atrapado en la exigencia de poder siempre más”.

Desde la psicología clínica sabemos que mantener esas autoexigencias constantes no suele generar motivación auténtica, sino ansiedad, frustración y una sensación persistente de insuficiencia. El cerebro humano no responde bien a las metas impuestas desde la culpa o el miedo al fracaso. Viktor Frankl advertía en El hombre en busca de sentido que, precisamente, ese “sentido” no puede nacer de la obligación, sino del encuentro genuino con lo que la persona está preparada para asumir en ese momento de su vida.

No todos llegan a enero con la misma historia emocional. Hay personas que arrastran duelos no resueltos, relaciones que aún duelen, deudas que no dan tregua o decisiones postergadas en el tiempo. Pretender que estas personas inicien el año con el mismo entusiasmo es desconocer una verdad básica de la experiencia humana: los procesos internos de las personas no obedecen al calendario: la experiencia emocional tiene su propio ritmo y forzarlo suele generar más ruptura que avance.

Paradójicamente, el mandato de “empezar bien” puede convertirse en un obstáculo para el bienestar. Cuando el año nuevo se vive como una obligación de transformación inmediata, se pierde la posibilidad de leer con honestidad el estado real en el que se está. La psicóloga Kristin Neff, referente en el estudio de la autocompasión, sostiene que tratarnos con dureza en momentos de dificultad no nos fortalece: la autocompasión, lejos de ser indulgencia, es una forma madura de responsabilidad emocional.

Tal vez, el verdadero desafío de enero no sea definir metas ambiciosas, sino reconocer desde dónde se está comenzando. No todos necesitan avanzar rápido; algunos necesitan detenerse, reparar, despedirse o simplemente descansar. Empezar un año también puede significar permitirnos no tener todas las respuestas, pero sí una relación más honesta con nosotros mismos.

Sobre la autora

Itania María es Mtr. En Psicología clínica y de la salud y Mrr. En Terapia Familiar Sistémica Intergeneracional

Itania María

Itania María

Itania María es psicóloga clinica con maestria en psicología de la salud y terapia familiar y de Pareja. Tiene especializaciones en abordaje terapéutico para personas que viven con trastorno límite de la personalidad y en Psicooncología.

En las redes sociales la puedes encontrar en Instagram:

@enplenitudconitania

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